Un gato muere electrocutado en el Olimpo.

 

Amigos lectores de esta amigable página web, si ustedes son asiduos visitantes del ‘Olimpo’, una de las principales casas y/o recintos culturales de nuestra bella y tranquilita ciudad de Mérida; la ‘casota’ modernista y helénica del mayab, máxime representante de cualquier manifestación cultural (y panfletaria también, que también hay sus casos) en la capital yucateca quizás este texto pueda interesarles. Ah!, también los amantes de los gatos puedan hallar un poco de interés y coherencia entre estas líneas vagas y difusas del presente y mamarracho redactor.

La historia es la siguiente, según pude averigüar por fuentes muy fiables:

Un gato. Desde la tarde del miércoles 24 de enero del 2018, el centro cultural Olimpo se encontraba inusualmente cerrado y sin energía eléctrica por culpa de un gato. Un psicodélico o desafortunado gato se había lanzado hacia la fuente subalterna de energía y por consecuencia de esa locura murió achicharrado con más de 400 voltios irrumpiendo violentamente a través de su pequeño cuerpecito; desde las puntiagudas orejitas hasta la inquieta cola.

Las causas que pudieron haber orillado al pobre animal a lanzarse hacia ese temerario cargador de energía que se encuentra en la azotea del Olimpo, las desconozco; pero sin duda son muy interesantes. Acaso el difunto era un gato muy psicodélico y andaba en un mal viaje y esta vez le toco volar muy alto? O acaso sufría de mal de amores y como un buen gato de azotea y callejero que se precie de ser yucateco, se lanzó contra esa poderosa fuente de energía buscando un explosivo e impactante suicidio? O simplemente el gato quedó muy decepcionado de que el ‘conde Renán Barrera Concha’ haya acabado muy mal una simple borrachera? Acaso temía que las garras de la maquiavélica Angélica Araujo y sus muy malas mañas volvieran a posarse sobre la silla del palacio municipal? También puede ser que el infortunado gato simplemente haya agarrado una mala borrachera y en el transcurso haya cantado mal una ranchera, cayendo el desgraciado en esa fatalidad tan ruin. Quién sabe, el final de cada quien puede ser de muchas maneras.

Lo que sí sé, es que la gente se quedo muy enojada aquella noche de teatro, cine y cultura. Al final un pequeño y humilde animalillo había podido detener las actividades culturales de una ciudad que se precia de ser capital en esos menesteres. Las personas que esperaban para entrar en una anticipada función musical se quedaron ahí paradas por un muy largo rato con malas caras y quejas, varias quejas contra los atareados y nerviosos empleados municipales que hacían lo que podían por  custodiar la entrada de tan importante recinto; de rimbombante mote griego. Ahí en la morada de las divinidades, murió un pobre gato que quizás era todo un amante de la cultura.

La foto se las debo. No quiero alimentar su morbo, no podría hacer eso. Solo lloren por el triste destino del amigo felino. O culpénlo también (en esta sociedad esto de arrojar culpas y piedras, es todo un deporte), que yo también me perdí las películas de James Bond y sus adorables compañías femeninas por culpa de la muerte del minino.

Nos vemos muy prontamente en este mismo espacio amigos. Y salud y vida eterna por el difunto. El estará feliz, porque ¿Que acaso ustedes no han escuchado que un gato tiene nueve colas y siete vidas?

 

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