Fellini y sus adorables inútiles.

 

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Fausto, Alberto, Moraldo, Leopoldo y Riccardo se quieren mucho y siempre se procuran entre ellos. Son desobligados, son consentidos (por sus familias), son irresponsables. A los 30 años, edad promedio de cada uno de ellos, jamás han tomado un trabajo, jamás le han hecho frente a las obligaciones de la vida. Recorren a la medianoche las calles de su provincia italiana, ocupan las terrazas de café o se entretienen en los salones de billar. Son los inútiles del pueblo, los cinco hombres que rompen con la sintonía del barrio obrero de una Italia que apenas se recupera de las secuelas de la segunda gran guerra.

 

Esta es tan solo la segunda obra de Federico Fellini en la historia del cine con la que el futuro  maestro y genio de la cinematografía mundial entregaría un retrato fresco, realista, a veces cruel y sobretodo sincero sobre la realidad de su tiempo, de su amada Italia. Con la historia de los cinco pícaros buenos para nada Fellini también haría –como sería costumbre en su bella y magistral filmografía- una certera crítica sobre los problemas de la sociedad de su tiempo que a la vez  son los mismos problemas que aún continúan vigentes en nuestra sociedad actual.

 

 

 

 

 

 

 

Por ejemplo uno de los personajes principales en el que se centra gran parte del estupendo filme de Fellini es Fausto; un joven a punto de cumplir los 30 años que es capaz de engendrarle un hijo a la dulce e ingenua Sandra, hermana de su amigo Moraldo, pero  que es incapaz de asumir la responsabilidad para ser un padre para el pequeño. El otro es el pícaro de Alberto quien le dice a sus amigos en una de las escenas de la cinta que “no somos nadie” pero se rehúsa a comenzar a hacer algo para poder llegar a serlo. Lo más fácil para él siempre ha sido achocarse en la casa de su madre y ser mantenido por su hermana.

 

Los otros no menos importantes pero en la cual la película no dramatiza mucho en sus conflictos es Moraldo quien se muestra como un testigo de estas aventuras de ocio y desavenencias de sus divertidos y desobligados amigos (sobre todo del mujeriego de su amigo Fausto). Por él comienza a transitar la somnolencia de un existir sin poder experimentar mayor novedad que el hastío y atraso social y cultural de su pueblo natal. Riccardo es un talentoso cantante de ópera que tan solo demuestra sus grandes dotes en las fiestas y celebraciones locales y Leopoldo, un aspirante a escritor que enamora a su vecina al borde de su ventana y que sueña con escribir comedias y ser reconocido en toda su patria. Él protagoniza uno de los momentos más graciosos de “Los Inútiles” cuando llega un famoso cómico a su provincia se desvive por presentarle la comedia que el provinciano ha escrito con tanta pasión, a lo cual el famoso interprete accede pero con inesperados resultados que lo hacen salir corriendo cuando había acompañado a su ídolo en un recorrido nocturno por la costa de su pueblo.

 

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“El que no ama el arte, no ama la vida”_ Una de las máximas de Fellini en voz de uno de sus personajes

 

Pero es cuando ya va bien avanzada la trama cuando esta comedia comienza a adquirir tintes de drama, y también cuando comienzan a asomar las magníficas imágenes surrealistas del mago Fellini. Además hay que decir que en este punto de la trama es cuando se siente que estamos ante la obra de un director único, de un artista que logra reflejar como muy pocos los problemas de las personas en un retrato que a pesar de tener más de tener más de 40 años de edad, aún sigue luciendo vigente, fresco y entrañable.

 

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Alberto y la cabeza. La resaca emocional después de una noche de juerga.

 

El holgazán de Alberto ve marcharse a su hermana quedando él a cargo de su madre y de la casa, una tarea para la cual él jamás había estado preparado. Así también las infidelidades de Fausto comienzan a ocasionar conflictos en la familia de su amigo Moraldo, en donde lo habían acogido debido a que el desobligado no podía proporcionarle casa propia a su joven mujer con un pequeño de apenas meses, una criatura tan bella y angelical de amplios cachetes. Es con esta trama en donde se produce uno de los momentos más álgidos y dramáticos de la película cuando Sarah la mujer de Fausto, cansada de las faltas de su esposo abandona la casa para el infortunio de su esposo que sale a buscarla por todo el pueblo. Esa escena llena de drama y angustia confrontarán al coscolino de Fausto con la vida que estaba llevando hasta entonces.

 

Pero esto es un drama con tintes de comedia con una vena crítica y una mirada sincera y nostálgica sobre esta pandilla de holgazanes de provincia que no escapa de momentos entrañables con cierto personaje por fin lográndose marchar de su pueblo, en donde la gran mano del maestro hace su magnífica presencia en una secuencia de planos que pasan por bellísimos y emotivos. Con el rostro de uno de los protagonistas asomando la cabeza por la ventanilla del tren y despidiéndose de su amado pueblo, el director nos enseña a modo de un inspirado ‘travelling’ a su familia y sus amigos durmiendo en la intimidad de sus habitaciones sucediéndose plano por plano al ritmo que marca la marcha del tren que se lleva a uno de los inútiles; tal y como si la mente de él se posara en ese justo momento sobre sus seres queridos a modo de un recuerdo, lírico y magistral, triste y entrañable, como la película misma.

 

 

 

Federico Fellini ha declarado que los muchachos de la película son los chicos que él veía en Rímini, su ciudad natal, antes de marcharse a Roma. “Para un joven  de Rímini, la vida era una cosa inerte, opaca, aburrida, sin estímulo cultural de ninguna especie. Todas las noches eran iguales entre sí,” cuenta el director italiano en su libro autobiográfico Yo, Fellini. El director también confiesa que en sus años de adolescente se dedicaba a observar a las mujeres y a especular con sus amigos sobre las que llevaban sostén y las que no. El filme, rodado en 1953, tuvo un éxito inesperado, que afortunadamente hizo posible que Fellini pudiera seguir desarrollando su trabajo como director de cine; arte y oficio que lo conduciría a la inmortalidad.

 

Los Inútiles es una bella película sobre los recuerdos que poblaban la cabeza de Fellini en aquel lugar en que nació y un retrato poético y sentimental sobre un grupo de soñadores confinados a nunca abandonar su pueblo. Una película en verdad entrañable que tan solo serviría para mostrarnos de lo que este futuro monstruo de lo que yo llamo “gran cine”, sería capaz.

 

 

 

 

Por: Carlos XOOL.

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